Para esta segunda parte de las películas más duras del género de terror, os traemos, como no podría ser de otra manera, y como ya hemos hecho anteriormente, una producción europea. Las únicas producciones, dentro del terror, que se alejan de las, aun impuestas, normas censoras de Hollywood. Estamos hablando en este caso de una película alemana estrenada en 2014, dirigida por Veronika Franz y Severin Fiala titulada Buenas noches, mamá.

La película cuenta la historia de dos hermanos gemelos que viven en una casa de corte modernista en medio del campo, que se enfrentan al regreso de la madre tras una operación de cirugía en el rostro. A partir de ciertos comportamientos en esta, que dejan alucinando al espectador, como que no hable ni alimente a uno de sus hijos o que los trate de manera cruel y casi parezca huir de su presencia, los hermanos comienzan a sospechar que a su madre le pasa algo o que esa mujer en realidad no es su progenitora.

A todo esto, se le une que hasta bien entrada la película no podemos ver el rostro de la mujer al estar vendada por completo, y para el espectador, algo con lo que los directores juegan muy bien, tampoco podemos saber cuál es el verdadero rostro de la madre puesto que las fotos que aparecen en la casa siempre están difuminadas. Así estos dos gemelos empezarán a pensar formas de descubrir quién es esa extraña que ha invadido su casa. Buenas noches, mamá se aleja de las clásicas películas de terror o de asesinos psicópatas que irrumpen en la seguridad del hogar, para adentrarse en un terror psicológico cuyos protagonistas van a ser dos niños. En un ritmo sumamente pausado que nos sume en la tensión por saber qué está sucediendo en realidad, tanto la madre, protagonizada por Susanne Wuest, como los dos niños, Elias y Lukas Schwarz, consiguen crear una atmósfera contaminada por el rechazo y la sospecha que poco a poco se va dirigiendo de la violencia psicológica y después física, enmarcado en un paisaje bello y desolado a partes iguales. Debemos resaltar también ciertas escenas oníricas que dejan al espectador con la duda total de si el hecho se ha vivido o no, generando un sentimiento de incomodidad que cada vez se va dirigiendo más hacia la figura de los gemelos. Como decíamos, poco a poco nos alejamos del terror psicológico que se nos presenta al inicio para adentrarnos en un sadismo cruel hacia la madre, pero tampoco sumamente explícito en el sentido gore del término, no hay un regodearse en lo sangriento, sino un regodeo en mostrar como dos niños consiguen someter a una mujer adulta, que es su propia madre, a diversas torturas perversas.

El final, que no podría​ haberse planteado de otro modo, muestra la destrucción absoluta, desde el interior, de la institución de la familia, que ha quedado rota subvertida y cuyas piezas solo pueden recomponerse en un idílico más allá.

haberse planteado de otro modo, muestra la destrucción absoluta, desde el interior, de la institución de la familia, que ha quedado rota subvertida y cuyas piezas solo pueden recomponerse en un idílico más allá.


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