En 2018, de la mano de Gregory Plotkin, se estrenaba Hell Fest, una película de slashers ambientada en unas enormes atracciones de terror. La película tiene un cierto aire nostálgico a las aclamadas películas de asesinos que tan de moda se pusieron en los años 80 y 90, sin embargo, no consigue emocionar del todo al público. El argumento es sencillo, un asesino en serie, armado con un cuchillo y tapado con una máscara, se introduce en un parque de atracciones de ambientación terrorífica y empieza a perseguir y a asesinar a un grupo de amigos que, hasta el último momento, no llegan a sospechar que entre ellos se encuentra un asesino en serie.

Por un lado, tenemos a un grupo de jóvenes que van a buscar un poco de diversión en un parque del terror de grandes dimensiones. Plotkin no pierde mucho tiempo en presentarnos a estos jóvenes, conocemos, de forma muy sucinta sus inquietudes y sentimientos. Algo que va a provocar que no tengan un desarrollo muy pronunciado durante todo el metraje y que sintamos solo una cierta simpatía por ellos. Lo mismo va a suceder con nuestro slasher del que no se nos explica ni porqué elige a este grupo de jóvenes y no a otro, ni cuáles son sus razones para cometer los crímenes.

Sin embargo, la ambientación está muy lograda, no tanto por una calidad de decorados increíbles, sino por su naturalidad. No dejamos nunca de sentirnos dentro de cualquier pasaje del terror en el que hayamos estado y de sentirnos reconocidos en alguno de los chicos y chicas que protagonizan la película, donde encontramos tanto a los que lo disfrutan como niños, hasta los que aprovechan el pasaje terrorífico para reconvertirlo en algo romántico. También es interesante como se juega con el disfraz del asesino, puesto que, aunque este use una máscara distintiva, los propios trabajadores del parque también la llevarán en algunos momentos de tensión.

La acción se produce de una manera un tanto lenta a lo largo de todo el metraje, para después en los últimos minutos dar un pequeño acelerón en el que se suceden muertes un tanto predecibles y con un limitado impacto en el espectador. Puede que Hell Fest no sea una de las mejores películas de slashers que hemos visto desde la década de los 80, pero merece la pena por el espectacular decorado que ha construido Plotkin. Apuntadla para la próxima aburrida tarde de domingo.


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