Tres días de literatura de terror, cine fantástico y pensamiento contemporáneo, en convivencia dentro del Castillo de San Servando. En 2026, bajo el eje temático El levantamiento del velo.
Literatura, cine, pensamiento contemporáneo y convivencia se dan cita en un castillo medieval para vivir una experiencia inmersiva donde el escenario es también parte de la historia.
Una propuesta que explora el terror como experiencia de revelación: aquello que se oculta, irrumpe o desestabiliza nuestra percepción de la realidad. La programación reúne a escritores, investigadores, docentes y profesionales del ámbito cultural en torno a pensamiento, creación, formación y experiencia compartida.
Una fortaleza medieval a orillas del Tajo, frente a la Toledo histórica, será el escenario y el alojamiento de las Jornadas. Un lugar cargado de historia que convierte la convivencia en parte de la experiencia.
Programa provisional, sujeto a modificaciones. La organización se reserva el derecho de introducir cambios en la programación por causas sobrevenidas.
Acto de apertura de las Jornadas
Terror y Antropología: Los fantasmas de M. R. James
Gerardo Fernández Juárez
Venus
Jaume Balagueró · 2022 · 100 min. Inspirada libremente en «Los sueños en la casa de la bruja», de H. P. Lovecraft
Tras el velo del mundo: horror cósmico y la insignificancia humana
Ana Carrasco Conde
La ciudad velada: espacios cotidianos y realidades ocultas
Giorgia Bertozzi
Sueño, delirio y visión: la mente como lugar donde se levanta el velo
Fernando Ángel Moreno
Crea tu cuento de terror
Escuela de escritores La Plaza de Poe · 20 plazas · Inscripción previa
Proyección de cortometrajes y charla coloquio
ResucitaDos – El Informe Olympia · Sigue contando · Aneleh · Blind · Sin ti
Atención: el taller y la sesión de cortos se celebran a la misma hora.
Más allá del vacío: terror, ciencia ficción y la revelación de un universo inhabitable
Ismael Martínez Biurrun
Cine y literatura, lo que ambos revelan
Mariam Salgado · Mike Hostench · Javier Perea · Arturo Bobadilla
¿Cómo llega un manuscrito a ser un libro?
Escuela de escritores La Plaza de Poe · 20 plazas · Inscripción previa
Toca cada título para leer el contenido completo de la ponencia.
La figura del fantasma constituye uno de los elementos más universales y persistentes del imaginario humano. Presente en culturas y tradiciones muy diferentes, su aparición nos enfrenta a cuestiones fundamentales sobre la muerte, la memoria, las creencias y las relaciones entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
En esta ponencia, Gerardo Fernández Juárez nos propone acercarnos al universo inquietante de M. R. James (1862-1936), uno de los grandes maestros del relato inglés de fantasmas, desde una perspectiva antropológica que permita explorar los significados culturales y simbólicos de sus narraciones.
Los relatos de James, poblados de manuscritos antiguos, objetos malditos, presencias inexplicables y secretos enterrados, ofrecen un territorio privilegiado para reflexionar sobre el miedo a lo desconocido, la transgresión de los límites entre lo natural y lo sobrenatural y la persistencia de creencias ancestrales en sociedades aparentemente racionales.
A través de sus historias, la ponencia invita a descubrir cómo el terror literario dialoga con la antropología, cómo los fantasmas encarnan temores colectivos y de qué manera lo sobrenatural puede interpretarse como una expresión de las tensiones entre conocimiento, tradición y superstición.
Una aproximación al relato de fantasmas que nos permitirá comprender no solo por qué nos asustan los muertos, sino también qué nos dicen sus apariciones sobre el mundo de los vivos.
Esta ponencia intentaremos abordar el horror cósmico como una de las formas más radicales del levantamiento del velo, entendiendo este no solo como un recurso narrativo, sino como una experiencia límite del conocimiento. En este contexto, la literatura deja de limitarse a representar lo extraño para convertirse en un espacio en el que se ponen en cuestión las categorías fundamentales con las que el ser humano ha intentado comprender la realidad.
La obra de H. P. Lovecraft constituye el punto de inflexión de este desplazamiento. En sus relatos, el terror ya no se construye a partir de la aparición de lo monstruoso, sino a partir de la progresiva toma de conciencia de una desproporción radical entre el ser humano y el universo que habita. El problema no es lo que aparece, sino lo que se comprende. Cuando el velo se levanta, no se revela una amenaza concreta, sino la ausencia de cualquier estructura comprensible desde parámetros humanos.
En diálogo con las lecturas filosóficas contemporáneas, como las desarrolladas en la obra colectiva editada por Giorgia Bertozzi y David Soto Carrasco, el horror cósmico puede entenderse como una respuesta a la crisis de la modernidad. En este sentido, Lovecraft no se sitúa al margen de su tiempo, sino que expresa de forma extrema una serie de tensiones propias del pensamiento moderno: la pérdida de referentes estables, la transformación de la experiencia del tiempo, la desorientación del individuo y la sospecha de que el mundo ya no puede ser plenamente comprendido.
Desde esta perspectiva, el horror cósmico no introduce una ruptura externa en la realidad, sino que revela una fractura previa. La experiencia del terror se articula como un proceso de descenso, una especie de viaje iniciático invertido, en el que el protagonista se adentra progresivamente en una dimensión que desborda su capacidad de comprensión. Este movimiento puede interpretarse como una forma de catábasis: no un descenso redentor, sino un tránsito hacia una zona de conocimiento que no ofrece retorno ni integración.
El momento culminante de este proceso es la revelación, que no adopta la forma de una verdad clara, sino de una anagnórisis negativa: el reconocimiento de que la realidad no es como se pensaba y, más aún, de que no puede ser pensada en términos humanos. Este reconocimiento no amplía el conocimiento, sino que lo desestabiliza, generando una ruptura en la identidad del sujeto que se manifiesta en forma de alienación, locura o colapso psicológico.
Uno de los aspectos más relevantes de esta concepción es la relación entre conocimiento y destrucción. En la tradición del horror cósmico, el acceso a la verdad no implica dominio ni comprensión, sino exposición a aquello que excede cualquier marco racional. Los protagonistas de estos relatos no son víctimas pasivas, sino investigadores que, en su intento por conocer, atraviesan un umbral que no deberían cruzar. El problema no es la ignorancia, sino el exceso de conocimiento: el descubrimiento de una realidad que no puede ser integrada en el orden simbólico humano.
En este punto, el horror cósmico plantea también una cuestión fundamental sobre el lenguaje. Si la realidad que se revela pertenece a un orden distinto, ajeno a las categorías humanas, ¿cómo puede ser nombrada? La literatura lovecraftiana se sitúa precisamente en ese límite, explorando las tensiones entre lo decible y lo indecible. El lenguaje no solo resulta insuficiente para describir lo que se descubre, sino que se ve desbordado por ello, generando una crisis de representación que afecta tanto al discurso como al sujeto que lo enuncia.
De este modo, el levantamiento del velo no implica únicamente una ampliación del conocimiento, sino un doble colapso: por un lado, el fracaso del lenguaje para capturar lo real; por otro, la desestabilización del individuo ante un universo que ya no puede ser interpretado. La crisis epistemológica se convierte así en una crisis ontológica, en la medida en que lo que se pone en cuestión no es solo lo que se sabe, sino lo que se es.
En última instancia, el horror cósmico puede entenderse como una forma de pensamiento que lleva al extremo las tensiones de la modernidad. Frente a la aspiración de un conocimiento total y coherente, plantea la imposibilidad de acceder a una realidad última que sea inteligible. Frente a la centralidad del sujeto, introduce la idea de un «mundo sin nosotros», una realidad que existe independientemente de cualquier mirada humana y que, al hacerse visible, revela la fragilidad de todas nuestras construcciones.
El terror, en este sentido, no nace de lo desconocido en sí mismo, sino del reconocimiento de que aquello que desconocemos no puede llegar a ser comprendido. Cuando el velo se levanta, no descubrimos una verdad oculta, sino los límites insalvables de nuestra capacidad para entender el mundo. Y es precisamente en ese límite donde el horror cósmico encuentra su forma más pura.
Las ciudades han sido, desde el desarrollo de la literatura fantástica y de terror, uno de los espacios privilegiados para el levantamiento del velo. Frente a los escenarios remotos del imaginario gótico, el espacio urbano introduce una forma distinta de inquietud: la de lo cotidiano que deja de ser transparente. Calles, plazas, viviendas o templos —lugares atravesados diariamente y aparentemente conocidos— se revelan como superficies bajo las cuales se acumulan otras capas de sentido: memorias enterradas, presencias invisibles, historias que no han terminado de desaparecer.
En este contexto, la ciudad no funciona únicamente como escenario, sino como una estructura compleja en la que lo visible y lo oculto coexisten en tensión. La literatura ha construido así la idea de la «ciudad velada»: un espacio donde la realidad no es homogénea, sino estratificada, y donde determinados puntos —una casa, una calle, un umbral— actúan como lugares de fisura. No es necesario que algo irrumpa; basta con que algo se haga perceptible para que el orden cotidiano se desestabilice.
En este desplazamiento, la obra de Edgar Allan Poe ocupa un lugar decisivo como antecedente. Aunque sus relatos no se centran siempre en la ciudad como un espacio reconocible en sentido estricto, sí introducen una transformación fundamental: el entorno deja de ser un marco estable y comienza a responder a la percepción del sujeto. Calles, habitaciones o edificios no son descritos únicamente como lugares físicos, sino como extensiones de una conciencia alterada, donde lo cotidiano adquiere una cualidad inquietante. El espacio se vuelve opaco, ambiguo, atravesado por una lógica que ya no es del todo racional, anticipando así una forma de entender la ciudad no como escenario, sino como experiencia inestable.
A partir de este punto, autores como Robert Louis Stevenson o Arthur Machen desarrollan de manera más explícita la dimensión urbana del terror. En sus obras, la ciudad aparece como un organismo ambiguo, atravesado por zonas de sombra y experiencias inexplicables, donde lo visible convive con una red de significados ocultos. Más adelante, las geografías imaginarias del horror cósmico (Arkham, Innsmouth) llevarán esta lógica a su extremo, configurando espacios en los que la propia estructura de la realidad parece inestable.
Este planteamiento permite entender la ciudad como un dispositivo de revelación. A diferencia de otros espacios del terror, donde lo extraño irrumpe desde fuera, en el entorno urbano la inquietud surge de la superposición de tiempos y significados. El pasado no desaparece, sino que permanece latente; lo invisible no está ausente, sino fuera del campo de percepción habitual. El levantamiento del velo consiste, por tanto, en un cambio de mirada más que en la aparición de un fenómeno extraordinario.
En este marco, el caso de Toledo adquiere una relevancia particular. Se trata de una ciudad cuya construcción histórica y cultural ha favorecido, durante siglos, la percepción de un espacio atravesado por lo oculto. La acumulación de capas —religiosas, legendarias, literarias— ha configurado una imagen en la que lo visible convive con lo invisible de manera especialmente intensa. Sus calles estrechas, su trazado irregular y su densidad simbólica contribuyen a generar la sensación de un espacio donde el pasado no se ha disuelto, sino que permanece activo.
Relatos como el de la Cueva de Hércules, las tradiciones vinculadas a apariciones en conventos, las narraciones transmitidas oralmente o la reinterpretación romántica de la ciudad han consolidado la idea de Toledo como un lugar liminal, un umbral en el que las fronteras entre lo real y lo otro se vuelven inestables. En este sentido, la ciudad no solo es escenario de lo inquietante, sino que participa en su producción: su propia configuración material y simbólica favorece la experiencia de desajuste.
La ponencia propone así una lectura comparada en la que distintas ciudades, reales o ficticias, se analizan como espacios de revelación. En todos los casos, lo que está en juego no es la aparición de lo extraordinario, sino la ruptura de la normalidad perceptiva. La ciudad, entendida como un entramado de capas superpuestas, se convierte en el lugar donde la realidad puede agrietarse y dejar entrever aquello que permanece oculto bajo su superficie.
En última instancia, la «ciudad velada» no remite a un secreto concreto, sino a una forma de habitar el espacio. No se trata de que la ciudad esconda algo, sino de que nunca ha sido completamente legible. El levantamiento del velo consiste entonces en comprender que lo cotidiano no es transparente, y que bajo la apariencia de lo conocido se despliega una realidad más compleja, más antigua y, en muchos casos, profundamente inquietante.
Esta ponencia aborda el desplazamiento del terror desde el exterior hacia el interior, situando la mente humana como el verdadero espacio en el que se produce el levantamiento del velo. A medida que la literatura abandona progresivamente las explicaciones sobrenaturales y los marcos tradicionales del horror, la fuente de lo inquietante deja de localizarse en el mundo para instalarse en la percepción, en la conciencia y en las formas en que el sujeto construye la realidad.
En este contexto, el terror psicológico no consiste en la irrupción de lo extraño, sino en la sospecha de que la experiencia misma está comprometida. La pregunta ya no es qué hay más allá, sino si aquello que percibimos puede considerarse fiable. La realidad deja de ser un marco estable y pasa a depender de un sujeto cuya interpretación puede estar alterada, fragmentada o radicalmente distorsionada.
Autores como Guy de Maupassant o el propio Edgar Allan Poe anticipan este desplazamiento al construir relatos en los que la percepción se vuelve dudosa y el lector queda atrapado en una experiencia que no puede verificarse desde fuera. La locura, la obsesión o la sugestión no aparecen como desviaciones puntuales, sino como formas posibles y, en ocasiones, privilegiadas, de acceso a una realidad distinta.
Esta línea se desarrolla posteriormente en autores como Robert Bloch o Patricia Highsmith, donde el horror ya no necesita de elementos sobrenaturales para manifestarse. La figura del psicópata emerge entonces como un elemento central: no como un simple antagonista, sino como un sujeto que opera bajo una lógica distinta, ajena a las normas sociales y morales que estructuran la experiencia común.
En este punto, la idea de «levantar el velo» adquiere un significado ambiguo y profundamente inquietante. El psicópata no se percibe a sí mismo como alguien que se desvía de la realidad, sino como alguien que ha logrado ver más allá de sus convenciones. Allí donde el sujeto común encuentra límites —morales, emocionales, perceptivos—, él percibe una forma de libertad o de lucidez. El problema no es que ignore la realidad, sino que la interpreta desde un marco incompatible con el de los demás.
Este planteamiento introduce una inversión clave: el terror no surge únicamente de la posibilidad de que la percepción esté equivocada, sino de la posibilidad de que sea correcta en un sentido insoportable. La mente ya no es solo un filtro defectuoso, sino un espacio en el que pueden generarse formas de comprensión que resultan inasumibles desde una perspectiva normativa.
En la literatura contemporánea, esta tensión se intensifica a través de narrativas que exploran la fragmentación de la identidad, la disolución del yo y la imposibilidad de establecer una frontera clara entre lo interno y lo externo. Autores como Bret Easton Ellis o Gillian Flynn construyen relatos en los que el horror emerge precisamente de esa ambigüedad: no sabemos si estamos ante una mente alterada o ante una forma distinta y perturbadora de comprender la realidad.
En esta misma línea, la obra de Stephen King contribuye de manera decisiva a consolidar el terror psicológico en el ámbito de lo cotidiano. Sus relatos sitúan la inquietud no en escenarios excepcionales, sino en entornos reconocibles como familias, comunidades o espacios domésticos, donde la alteración de la mente o de la percepción desencadena el horror. En muchos de sus textos, la amenaza no procede exclusivamente de lo sobrenatural, sino de la progresiva descomposición del sujeto, de su aislamiento y de su incapacidad para distinguir entre lo real y lo imaginado.
De este modo, el levantamiento del velo no implica necesariamente el acceso a una verdad exterior, sino el descubrimiento de una fisura interna que transforma la experiencia de la realidad en algo inestable y, en última instancia, peligroso.
En última instancia, esta forma de terror plantea una pregunta que atraviesa toda la tradición moderna: ¿hasta qué punto nuestra idea de la realidad depende de un consenso compartido? Y, en consecuencia, ¿qué ocurre cuando ese consenso se rompe? El horror surge entonces no tanto de lo que aparece, sino de la imposibilidad de determinar si aquello que vemos pertenece al mundo… o a la mente que intenta comprenderlo.
Esta ponencia explora la convergencia entre la literatura de terror y la ciencia ficción en torno a una misma intuición fundamental: la de que el universo, lejos de ser un espacio comprensible y habitable, puede revelarse como un entorno radicalmente ajeno a la experiencia humana. En este contexto, el levantamiento del velo ya no depende únicamente de lo sobrenatural o de la alteración de la percepción, sino del propio desarrollo del conocimiento científico y de la expansión de los límites de lo pensable.
Si el horror cósmico formulado por H. P. Lovecraft planteaba la insignificancia humana frente a un universo antiguo e indiferente, la ciencia ficción retoma esta idea desde un marco distinto: no como una intuición perturbadora, sino como una posibilidad cada vez más plausible. La exploración del espacio, el avance de la astrofísica y la especulación sobre formas de vida no humanas sitúan al individuo ante una realidad cuya escala y complejidad desbordan cualquier referencia conocida.
En este sentido, el terror no surge de la aparición de lo desconocido, sino de la toma de conciencia de un vacío que ya estaba ahí. El espacio exterior, lejos de funcionar como un territorio de descubrimiento heroico, se configura como un ámbito de desolación, silencio y ausencia de significado. La idea de que el universo pueda estar vacío o, por el contrario, habitado por formas de existencia radicalmente incomprensibles, introduce una tensión que sitúa al ser humano en una posición de vulnerabilidad extrema.
Autores como Stanisław Lem han explorado esta problemática desde una perspectiva filosófica, planteando el encuentro con inteligencias no humanas como un fracaso de la comunicación más que como una confrontación directa. En sus relatos, el verdadero horror no reside en la amenaza, sino en la imposibilidad de comprender aquello que se encuentra al otro lado. Del mismo modo, la obra de Arthur C. Clarke introduce la idea de una inteligencia superior cuya lógica escapa completamente a la humana, generando una forma de inquietud que no puede resolverse en términos tradicionales.
En la literatura contemporánea, esta línea se intensifica a través de relatos que combinan el rigor científico con una profunda inquietud existencial. Autores como Liu Cixin plantean universos en los que la supervivencia depende de comprender —o al menos intuir— dinámicas cósmicas que sitúan a la humanidad en una posición frágil y contingente. En estos escenarios, el conocimiento no garantiza la seguridad, sino que expone al sujeto a una realidad más amplia y, en muchos casos, más hostil.
El levantamiento del velo, en este contexto, adopta una forma distinta pero coherente con la tradición del terror. No se trata de descubrir un secreto oculto en los márgenes del mundo, sino de comprender que el mundo, entendido ahora como universo, no ofrece ningún marco de referencia estable. La revelación no introduce un elemento extraño, sino que despoja a la realidad de sus garantías implícitas: centralidad, inteligibilidad, propósito.
Esta forma de terror plantea, además, una cuestión fundamental que atraviesa tanto la literatura como el pensamiento contemporáneo: ¿estamos solos en el universo? Y, más inquietante aún, ¿qué implicaría no estarlo? Ambas posibilidades resultan perturbadoras. La soledad absoluta sugiere un vacío sin sentido; la presencia de otros introduce la posibilidad de una alteridad radical, no necesariamente hostil, pero sí incompatible con cualquier forma de comprensión humana.
En este sentido, el terror espacial puede entenderse como una extensión del proceso iniciado en el horror cósmico, pero desplazado hacia un marco en el que la ciencia y la especulación convergen. El universo deja de ser un fondo abstracto para convertirse en un espacio concreto de interrogación, en el que cada avance en el conocimiento puede funcionar como un nuevo levantamiento del velo.
En última instancia, esta ponencia propone pensar la ciencia ficción no como un género separado del terror, sino como uno de sus desarrollos más coherentes. Allí donde el terror tradicional planteaba la existencia de lo oculto, la ciencia ficción plantea la imposibilidad de abarcar lo real en su totalidad. El miedo no surge de lo desconocido en sí mismo, sino de la sospecha de que aquello que desconocemos no puede ser integrado en ninguna forma de experiencia humana.
Investigadores, escritores y profesores que estarán presentes en esta edición. Toca «Leer biografía completa» para conocer su trayectoria.
Catedrático de Antropología Social en la Facultad de Humanidades de Toledo (UCLM). Especialista en antropología de las creencias, los rituales y los imaginarios culturales, desarrolla desde 1988 trabajo de campo entre comunidades aymaras del Altiplano boliviano.
Filósofa especializada en pensamiento clásico griego y filosofía alemana de los siglos XVIII y XIX, con una parte fundamental de su trabajo dedicada al estudio filosófico del mal. Directora de la revista Kritisches Journal 2.0.
Investigadora especializada en literatura fantástica y de terror. Su investigación se centra en las relaciones entre literatura, filosofía y terror, con atención a lo fantástico, la muerte y lo femenino. Coeditora de A través del abismo: H. P. Lovecraft y el horror ontológico.
Profesor titular de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Complutense de Madrid y especialista en el estudio académico de la ciencia ficción y la ficción especulativa.
Escritor y profesor de escritura creativa (Pamplona, 1972), con una decena de novelas publicadas —de Infierno nevado (2006) a Duración de un fantasma (2024)—. Dos veces Premio Celsius, además de Premio Nocte y Premio Kelvin 505.
Las proyecciones cinematográficas del viernes y el sábado corren a cargo de Akelarre Cintas Malditas. El viernes se proyecta una película y el sábado, una sesión de cortometrajes con charla coloquio.
Akelarre es una iniciativa cultural que se desarrolla en pleno casco histórico de Toledo y que toma la forma de un cinefórum organizado por el escritor y crítico de cine Roberto García-Ochoa Peces, autor del sitio web Doble Kulto Cinema, en colaboración con la librería Hojablanca, donde se desarrolla la actividad, y con la participación del también toledano Dr. Tinieblas, responsable del blog Fiebre de Cabina.
Su propósito es ofrecer un espacio de encuentro para explorar y debatir sobre películas que van más allá de lo convencional, rescatando títulos que han permanecido ocultos, catalogados como de culto o bajo la condición de malditos, capaces de desvelar historias inquietantes, incómodas y, en general, poco conocidas.
Dirección: Jaume Balagueró
Guion: Jaume Balagueró y Fernando Navarro
Reparto: Ester Expósito, Ángela Cremonte, Magüi Mira, Fernando Valdivielso, Federico Aguado
Basada en: «Los sueños de la casa de la bruja», de H. P. Lovecraft
Lucía, una bailarina go-gó que huye con un alijo de drogas de los mafiosos a los que pertenece, se refugia junto a su hermana y su sobrina en un bloque de apartamentos a las afueras de Madrid, donde algo mucho más oscuro que sus perseguidores empieza a acecharla.
Producida por Pokeepsie Films (Álex de la Iglesia y Carolina Bang) y Sony Pictures para Amazon Prime Video dentro del sello The Fear Collection, parte de su rodaje se realizó en Toledo, en el barrio de Santa María de Benquerencia («El Polígono»), en las inmediaciones de un edificio del polígono industrial de la ciudad. Se estrenó en cines españoles el 2 de diciembre de 2022, tras su paso por el Festival Internacional de Cine de Toronto.
Sábado 14 · 18:30 h
La sesión se completa con una charla coloquio.
Durante el sábado y el domingo, los jardines del Castillo de San Servando se transformarán en El Mercado de las Tinieblas, un espacio abierto de encuentro entre lectores, autores, editoriales y aficionados al terror y lo fantástico. El acceso al Mercado es libre y gratuito: no hace falta estar inscrito en las Jornadas para visitarlo, así que cualquiera puede acercarse a curiosear, comprar o pasar el rato aunque no participe en el programa de ponencias.
Los descansos entre ponencias y las franjas libres del programa se integrarán en la vida del Mercado, con firmas, encuentros, música, rol y otras actividades. De este modo, el Castillo mantendrá una programación continua durante todo el fin de semana sin sobrecargar el programa académico.
Buscamos librerías, artesanos, ilustradores y proyectos vinculados al terror, la fantasía oscura y la estética gótica para formar parte de nuestro mercado en el Castillo de San Servando.
La cuota de inscripción da acceso a todas las ponencias y actividades, y al alojamiento en el propio Castillo de San Servando. Los talleres literarios son una actividad aparte, opcional y con coste adicional.
Inscripción sin coste, con acceso completo al programa y al alojamiento.
Inscripción completa, con acceso a todas las actividades y al alojamiento.
El alojamiento es en régimen de albergue, en habitaciones compartidas dobles o cuádruples. Durante la inscripción podrás indicar tus preferencias de convivencia, incluida la opción de una habitación mixta. La organización asigna las habitaciones por orden de inscripción y procura respetar las preferencias, aunque no puede garantizarlas en todos los casos.
Opcional · 50 € los dos talleres
Dos talleres prácticos impartidos por la Escuela de escritores La Plaza de Poe, aparte de la cuota de ponencias y alojamiento. Plazas limitadas.
Escuela de escritores La Plaza de Poe
Conoce los elementos básicos de un relato breve que funciona: estructura, narrador, personaje, atmósfera y efecto. Saldrás del taller con un relato empezado.
Escuela de escritores La Plaza de Poe
Una mirada a la realidad del sector editorial actual: editoriales frente a empresas de autopublicación y procesos que atraviesa un manuscrito hasta ser libro.
Lo que más nos preguntan, resumido.
Ponencias y mesas redondas, proyecciones cinematográficas, concierto y cóctel de bienvenida, alojamiento en el Castillo de San Servando y manutención.
La inscripción es gratuita para menores de 30 años y cuesta 50 € para mayores de 30. Los dos talleres literarios son opcionales y suponen 50 € adicionales por participante.
Es en régimen de albergue, en habitaciones compartidas dobles o cuádruples. En el formulario puedes indicar tus preferencias de convivencia, incluida la opción de una habitación mixta. La organización asigna las habitaciones por orden de inscripción y procura respetar las preferencias, aunque no puede garantizarlas en todos los casos.
No: el sábado 14, de 18:30 a 20:30, el taller literario y la sesión de cortometrajes se celebran a la misma hora, así que tendrás que elegir una de las dos actividades.
No. El acceso al Mercado, en los jardines del castillo, es libre y gratuito durante el sábado y el domingo.
Las plazas se adjudican por riguroso orden de inscripción. La organización confirmará por correo electrónico la aceptación de tu solicitud y las instrucciones de pago. Si se agotan las plazas, las solicitudes pasan a una lista de espera respetando ese orden.
Comunícalo cuanto antes a la organización para liberar tu plaza. Las plazas de alojamiento están financiadas mediante subvención pública, así que te agradecemos una inscripción responsable.
Las Jornadas se celebran en el Castillo de San Servando, una fortaleza medieval a orillas del Tajo, frente a la Toledo histórica.
Una selección de referencias literarias, teóricas y críticas que han inspirado el eje temático de esta edición.
Completa el formulario de inscripción e indica tus preferencias de alojamiento y taller. El pago de la cuota y, si lo deseas, del taller, se realiza de forma segura desde el propio formulario.